Era un día agotador, un día gris, frío, lento, silencioso, y el vacío llenaba mi corazón...
...Mas aquel día vine a encontrarte... ¿será que así nace el amor?
Lo recuerdo bien, era un lunes de otoño. De vuelta a mi hogar para evitar la espera interminable de la llegada del bus decidí viajar en metro. Bajé a la estación y me subí en el último vagón. No un segundo de subir y me percaté de que habías subido en la misma estación, nos sentamos uno al lado del otro. Como queriendo evitarnos leímos hasta la última letra que encontramos para no encontrar nuestras miradas... Al paso de unos minutos tímidamente giré mi rostro hacia ti, vi que te tenía de frente...
...Te miré...
...Me Miraste...
...Te sonreí...
...Me sonreíste...
...Con un gesto te saludé, y lo mismo de tu parte...
... Me acerqué a ti y te pregunté tu nombre, pero no recibí respuesta, tan sólo nos limitamos a mirarnos fijamente las 11 siguientes estaciones.
Cuando llego el momento de bajar, con un beso al aire me despedí, y vi que tú muy feliz me lanzaste uno también.
Me paré...
...Tú también.
Bajé...Ya no era el mismo... mi corazón ya no era el de los latidos tenues, ni el que el vacío llenaba... ahora danzante, alegre, vacío de vacío... por estar realmente acompañado...
...Y con una sonrisa del ancho de mi rostro, recorrimos el breve trayecto de la estación a
Y aun sentado en mi sofá me costaba creer las cosas que al viajar pueden ocurrir si por la ventana del metro miras tu reflejo...


Es posible encontrar muchas cosas más al observar tu reflejo, cosas que antes de hacerlo jamás te habías percatado. Y no necesariamente son cosas físicas. T.A.
ResponderEliminar